Koyo Kouoh

In Memoriam

Koyo Kouok (Douala,1967 – Basel, 2025)


IN MEMORIAM

Y, con toda sinceridad,
estoy cansada.
La gente está cansada
El cansancio nos invade
El mundo está cansado
Incluso el arte está cansado
A lo mejor ha llegado el momento.

Necesitamos otra cosa
Necesitamos sanar
Necesitamos reír
Necesitarnos confluir con la belleza
Mucha belleza
Necesitamos jugar
Necesitarnos confluir con la poesía
Necesitarnos confluir otra vez con el amor
Necesitamos bailar
Necesitamos preparar y ofrecer alimentos
Necesitamos descansar y recuperarnos
Necesitamos respirar
Necesitamos la radicalidad de la alegría
Ha llegado el momento.


Koyo Kouoh, noviembre de 2022

61.ª EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE ARTE
IN MINOR KEYS

[Toma aire profundamente]
[Exhala]
[Relaja los hombros]
[Cierra los ojos]

Se trata de una invitación a descubrir estas palabras en el estado físico, meteorológico, ambiental y kármico en el que se presentan ante ti. Para desacelerar y sintonizar con las frecuencias de las tonalidades menores. Porque, aunque suele perderse en la angustiosa cacofonía del caos actual que atenaza el mundo, la música continúa. Las canciones de aquellos que producen belleza en lugar de tragedia, las melodías de los fugitivos que se reconstruyen desde las ruinas, las armonías de los que sanan heridas y mundos.

No en vano, hay un motivo por el que algunas personas desean colonizar la luna,
y otras bailar ante ella como si fuese una amiga de toda la vida.

James Baldwin, 19721James Baldwin, No Name in the Street (Nueva York: Dial Press, 1972).

La tonalidad menor, en música, alude tanto a la estructura de una canción como a sus efectos emocionales. Se trata de un concepto fecundo, tan fecundo que desborda su definición técnica y se derrama en la metáfora. Invoca estados de ánimo, el blues, la llamada y respuesta, la morna, la second line, el lamento, la alegoría, el susurro.

Las tonalidades menores rehúyen la pomposidad orquestal y el paso marcial de los desfiles; cobran vida en los tonos suaves, las frecuencias graves, los murmullos y los consuelos de la poesía, todos ellos portales de improvisación hacia otros lugares, hacia la otredad. Las tonalidades menores piden una escucha que apele a las emociones y, a cambio, las sostenga.

Las tonalidades menores son también pequeñas islas, mundos en medio de los océanos con ecosistemas siempre complejos y únicos, y estructuras sociales propias, articuladas —para bien o para mal— dentro de marcos políticos y ecológicos mucho más vastos. Aquí, la evocación de la tonalidad y la isla se extiende hasta formar un archipiélago de oasis: jardines, patios, estancias, buhardillas, pistas de baile; esos otros mundos creados por los artistas, universos íntimos y acogedores que nos renuevan y sostienen incluso en los peores momentos; de hecho, sobre todo en los peores momentos.

Tomemos, por ejemplo, el jardín criollo, donde se plantan todas las especies en una
franja de tierra minúscula:

aguacates, limones, ñames, caña de azúcar… además de otras treinta o cuarenta especies en ese
fragmento de tierra que no supera los cinco metros por la ladera del cerro y que se protegen entre sí.
En el gran Círculo, todo se contiene en el todo.

Édouard Glissant, 19932Édouard Glissant, Tout-monde (París: Gallimard, 1993), 208; traducción de Eric Prieto, 2010.

Estas son las claves de la exposición; una exposición que sintoniza las tonalidades menores; una muestra que invita a escuchar las señales persistentes de la tierra y la vida, conectando con las frecuencias del alma. Si en la música las tonalidades menores suelen asociarse con lo extraño, la melancolía y el dolor, aquí también manifiestan su alegría, consuelo, esperanza y trascendencia.

En las tonalidades menores, el sonido y la sensación constituyen anclajes, sostienen las cadencias, las melodías y los silencios de mundos resonantes que se reúnen y crean juntos una asamblea polifónica de arte que articula y teje una colectividad cálida y acogedora, y que brilla a través del vacío de la alienación y el crepitar del conflicto.

La 61.ª edición de la Bienal de Arte se fundamenta en una creencia profunda en los artistas como intérpretes vitales de la condición social y psíquica, y como catalizadores de nuevas relaciones y posibilidades.

La composición de la exposición se conforma mediante prácticas artísticas que abren portales que renuevan y nutren, que impulsan la relación y el vínculo, que favorecen el concepto y la forma a través de redes y escuelas, entendidas de manera libre e informal.

El efecto buscado codifica la cohesión y la disonancia como si se tratase de una banda de free jazz, o quizás, en la escala de la Bienal de Arte, un festival de grupos que comparten una premisa: que la poética libera y que la belleza se crea colectivamente.

A través de la relación, el intercambio y la trascendencia, los artistas y las prácticas que obran según este espíritu, como el jazz, atraviesan métodos, escalas, sentidos y formas, y proponen a los visitantes una experiencia expositiva más sensorial que didáctica, renovadora más que agotadora, y fortalecedora para la labor que está por venir.

Mediante una comitiva visual y meditativa, la exposición invita a que todos los sentidos se entrelacen y deambulen de un universo a otro, revelando las posibilidades que habitan en los espacios liminares que trascienden los umbrales.

…no hay más opción que sintonizarnos, como músicos de jazz, con estas mutaciones
impuestas.

El músico de jazz medita sin descanso acerca de lo impredecible y lo sostiene según
las leyes de la polirritmia, e improvisa momentos sobrecogedores.
Nosotros, pequeños isleños del Caribe, no estamos preparados, pero contamos
con este recurso.

El cambio tendrá que ser tan profundo que, sin duda, tendremos que añadir al
conocimiento del jazz el antiguo totemismo, animismo, analogismos y demás
metafísicas que hasta ahora se han descartado con demasiada ligereza.
Estos poemas del viejo mundo ya son partituras preciosas.

Patrick Chamoiseau, 20233Patrick Chamoiseau, «We Caribbeans are not ready but have the resources to adapt to unavoidable climate mutations», Le Monde, 29 de junio de 2023.

Partiendo de esta premisa, la exposición internacional de la 61.ª Bienal de Arte no pretende ser ni una letanía de análisis críticos sobre los acontecimientos mundiales, ni una omisión o abandono de las múltiples crisis, continuas e interseccionales. Propone, más bien, una reconexión radical con el hábitat natural y el papel del arte en la sociedad: lo emocional, lo visual, lo sensorial, lo afectivo y lo subjetivo.

In Minor Keys presenta secuencias de viajes estimulantes que abordan lo sensible y lo afectivo, y que invitan a los visitantes a maravillarse, meditar, soñar, regocijarse, reflexionar y compartir en planos donde el tiempo no es propiedad empresarial ni está a merced de una productividad implacable y acelerada.

No en vano, queda claro que el tiempo imperecedero del capital y el imperio ha denostado los saberes locales, indígenas y terrestres calificándolos de quiméricos, y ha reducido las prácticas artísticas colectivas a meros oficios artesanales, destinados a la decoración o a rituales místicos.

La «misión civilizadora» lo homogeniza todo con un desprecio condescendiente, y en la era contemporánea, sociedades y ecologías enteras se consideran daños colaterales en la obstinada búsqueda del crecimiento sostenida por la crueldad y la codicia. Una vez rechazamos el espectáculo del terror, llega el momento de escuchar las tonalidades menores, de sintonizar sottovoce con los susurros, con las frecuencias más bajas; de encontrar los oasis y las islas donde se protege la dignidad de todos los seres vivos.

La exposición plantea que estos cambios radicales ya se están dando (de hecho, llevan desarrollándose desde siempre) en el marco de las tonalidades menores, y que los artistas, poetas, intérpretes y cineastas convocados en la exposición están firmemente comprometidos con la materialización de dichos cambios. Los artistas son canales hacia y entre las tonalidades menores, y escucharlos, más que hablar en su nombre, es el núcleo del planteamiento curatorial.

La exposición In Minor Keys se erige como una partitura colectiva compuesta junto a artistas que han construido universos imaginativos. Artistas que trabajan en la frontera de la forma y cuyas prácticas pueden interpretarse como complejas melodías que se deben escuchar tanto en su conjunto como bajo sus propios códigos. Son artistas cuyas prácticas se entrelazan orgánicamente con la sociedad. Artistas que integran la vida cotidiana como parte de la relación, lógica y coherente a nivel estético, entre sus componentes. Artistas que acogen la vida con una generosidad extrema.

En nuestros mitos, en nuestras canciones, ahí es donde están las semillas.
No es posible centrarse siempre en la crisis.
Hay que tener el amor y hay que tener la magia; eso también es la vida.

Toni Morrison, 19774Toni Morrison entrevistada por John Callaway, WTTW, Chicago, 1977.

Koyo Kouoh – Biografía

Koyo Kouoh nace en Duala (Camerún) el 24 de diciembre de 1967. Estudia en Zúrich, donde su familia se instala cuando ella tiene trece años. Sus padres la animan a formarse en economía, y durante un tiempo trabaja en el sector financiero antes de orientarse hacia el ámbito cultural, dedicándose inicialmente a la literatura y al cine. En 1995 viaja a Dakar para entrevistar al cineasta Ousmane Sembène. Regresa un año después para establecerse allí definitivamente. «Volver a Camerún me parecía redundante —explica—. Senegal era más cosmopolita. El islam también me interesaba». Entre 1998 y 2002 coordina el programa cultural del Instituto Gorée. A partir de 2001 es también comisaria invitada de los Encuentros Africanos de Fotografía de Bamako, dirigidos por Simon Njami. En 2003 colabora con la Bienal de Dakar.

En 2011 funda RAW Material Company en Dakar, un centro de arte concebido tanto como espacio expositivo como lugar de pensamiento y debate. También ejerce como comisaria de la feria 1:54 Contemporary African Art Fair en Londres. Forma parte del equipo curatorial de Documenta 12 (2007) y Documenta 13 (2012). En 2010 participa en Bruselas como co-comisaria de la exposición Géo-graphics. Asimismo, es comisaria asociada del Salon Urbain de Douala (SUD), festival de arte celebrado en Camerún.

A lo largo de su trayectoria organiza numerosas exposiciones a escala internacional y escribe sobre arte africano contemporáneo. En 2019 es nombrada directora del Zeitz MOCAA en Ciudad del Cabo, institución considerada el museo de arte contemporáneo más importante de África austral. En julio de 2022 declara en una entrevista para Jeune Afrique: «No nos corresponde a nosotros deconstruir los prejuicios euroamericanos sobre África». Su última exposición es la gran retrospectiva When We See Us, presentada en el Kunstmuseum de Basilea y en Bozar (Bruselas). En 2024 es designada comisaria de la 61ª Bienal de Venecia, convirtiéndose en la primera mujer africana en ocupar este cargo.

Fallece a los 57 años en Basilea (Suiza) el 10 de mayo de 2025, un año antes de la celebración de la bienal.

  • 1
    James Baldwin, No Name in the Street (Nueva York: Dial Press, 1972). ↩︎
  • 2
    Édouard Glissant, Tout-monde (París: Gallimard, 1993), 208; traducción de Eric Prieto, 2010. ↩︎
  • 3
    Patrick Chamoiseau, «We Caribbeans are not ready but have the resources to adapt to unavoidable climate mutations», Le Monde, 29 de junio de 2023. ↩︎
  • 4
    Toni Morrison entrevistada por John Callaway, WTTW, Chicago, 1977. ↩︎
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