Retratos

Carlos Herrera

Durante su adolescencia, Carlos Herrera tomó clases de pintura con los maestros litoraleños Raúl Domínguez y Ambrosio Gatti. En los años 1998 y 1999 realizó talleres dependientes de la Facultad de Humanidades y Arte en la Universidad Nacional de Rosario. Desde el año 2000 realiza muestras individuales y colectivas en Argentina y el extranjero. En 2009 expuso individualmente una extensa edición de fotografías tituladas “Temperatura Perfecta” en Centro Cultural Ricardo Rojas de Buenos Aires. En los años 2010 y 2011 formó parte de Beca Kuitca UTDT. En 2011 obtuvo el Primer Premio Petrobras arteBA con “Autorretrato sobre mi muerte”. Ese mismo año participó en la Bienal de Estambul. Sus proyectos son de características intimistas y se manifiestan en la construcción de instalaciones, documentación en video y audio, fotografía, escultura y acciones.

Un proyecto para Atlántica de Carlos Herrera. Texto de Raúl Flore

En estos diecisiete años de trabajo acompañé a Herrera en la salida de estos cuerpos que se construyeron desde la oscuridad de una sala de proyección a las húmedas salas de ensayo de bandas de garaje. Videos donde sus manos manipulan salchichas, bananas y fluidos líquidos viscosos a fotografías de jóvenes de entre 15 y 25 años en los que sus cuerpos y sus pertenencias son el disparo certero al espectador que las atraviesa

Atados construidos con botines de fútbol, ropa deportiva usada y elementos íntimos de personas anónimas cuelgan de las paredes a modo de ofrenda.

Esos muchachos de suburbios pampeanos nos trajeron usos y costumbres de esas tribus que parecieran acompañar a Herrera en el devenir de su carrera y su sensibilidad.

El grupo de fotografías blanco y negro sin título de serie “retratos” es un espejo de los rituales masculinos en los que se observa una competencia de meo sobre cemento.

El autor convocó a un grupo de amigos que pertenecían a su contexto íntimo y a otros con los que compartía la noche, el alcohol y la vida ordinaria a formar parte de un ritual que comenzó un mediodía de una tarde soleada con la ingesta de carne asada y abundante cerveza. Para tal fin Herrera dispuso el patio de su casa familiar en el que una amplia explanada de cemento sería el lugar donde cada uno orinaría. Una escalera tijera funcionó como un gran trípode desde donde se registraron de modo cenital la impronta de cada meada a modo de retrato.

Esta performance iniciática modificó para siempre el sistema íntimo de trabajo del autor, no sólo en su relación con el retratado como modelo sino con el desempeño relacional con el medio.Todas estas operaciones lograron su mejor despliegue en su última muestra individual titulada COBRE MISERIA MIERDA. En una gigantesca nave tres ejes temáticos se manifestaron. Un gran mural fotográfico nos mostró al artista acompañado de otro hombre con el cuerpo erotizado por la precaria de indumentaria y accesorios de cuero realizando acciones primarias y cotidianas, comer, orinar, lavarse, dormir, defecar. Al atravesar un telón de sugerente color cobrizo, dispositivos realizados en madera generaban refugio y contención donde la idea de la muerte y la sexualidad convivían íntimamente. Un performer casi desnudo recorría el largo de la pared para llegar a un conjunto de indumentaria de precaria confección y sutiles detalles para ser exhibidas y modeladas

El cuerpo del otro y sus rituales dejan a la vista la pasión hecha carne- cuerpo.

Raúl Flore. Enero de 2017

EPÍGRAFE DE LAS FOTOGRAFÍAS
Título: Sin título, de la serie «Retratos».
Técnica: Registro fotográfico de orina sobre cemento. Toma directa digital blanco y negro.
Medida: 19 x 27 cm.
Año: 2004
Edición: copia única mas prueba de artista.

Atlántica

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