Pompa y Circunstancia
Este número especial aborda diversas cuestiones relacionadas con el arte y la emancipación con el objetivo de reflexionar sobre el trabajo artístico, sus puestas en escena y las formas de creación de valor en un marco como el actual, que pivota entre elitismo y precariedad o, por utilizar una expresión más sonora, entre la pompa y la circunstancia1«Pompa y circunstancia» es el nombre con el que se conoce la primera de una serie de marchas compuestas por Edward Elgar a principios del siglo XX. El nombre procede de una cita de Otelo de Shakespeare. Sonó en la coronación de Eduardo VII de Reino Unido, convirtiéndose después en el himno que acompaña los actos de graduación de Estados Unidos y las fiestas de quince años o ceremonias de boda en algunos países latinoamericanos..
La supuesta visibilidad de cuerpos e identidades subalternas en el campo del arte de las últimas décadas no parece que haya desembocado en un auténtico proceso emancipatorio, con la consiguiente transformación de imaginarios que ello hubiera implicado, sino que, por el contrario, ha sido absorbida por las lógicas del mercado para convertirse en el soporte estético de algunas formas de poder (el ornamento, como modulación superficial, tiene la capacidad de acoger todo lo que se echa de más, particularmente, lo que no resulta funcional según los criterios utilitarios del capitalismo neoliberal). Lo cool ha acabado prevaleciendo sobre lo ético, pero el arte, como advirtió Adrienne Rich, «no significa nada si simplemente decora la mesa para la cena del poder que lo mantiene rehén»2Carta dirigida al presidente Bill Clinton a propósito de su rechazo a la Medalla Nacional de las Artes en 1997..
Si bien es cierto que la historia del arte «canónica» siempre ha estado al servicio del poder y de los intereses de las clases dominantes, no podemos aislar nuestras prácticas de las condiciones materiales en las que se inscriben ni dejar de considerar los marcos que nos constriñen o las distintas formas de precarización, aunque la élite sean siempre los demás.
Profesional es quien vive de su profesión y trabajo es trabajo, pero ¿esto también sirve para el sector artístico? ¿No es el arte una mercancía como las demás? ¿Qué es una vida digna? ¿Cuáles son los elementos de valor de nuestras prácticas en el marco actual? ¿Cómo cambiar unos parámetros de legitimación movidos por valores patriarcales, coloniales y clasistas? ¿De qué modo quienes trabajamos en la cultura podemos contribuir a la imaginación de un futuro mejor?
Este número se abre y cierra con dos proyectos de artista. El primero, de Voluspa Jarpa, hace las veces de una obertura musical a partir de la letra de una ópera donde confluyen buena parte de las cuestiones planteadas. El segundo, concebido por Ana Matey, es un conjunto de acciones realizadas durante varios años consecutivos que han dado lugar a un listado de preguntas formuladas colectivamente, del que mostramos una pequeña selección. El resto de colaboraciones han sido realizadas por artistas que escriben, como Núria Güell o Tomás Ruiz-Rivas, o pensadoras que llevan a cabo alguna práctica artística, en el caso de Andrea Galaxina y Sayak Valencia. Me gusta su trabajo, su escritura y su forma de pensar. Además, incorporan una perspectiva feminista que atraviesa todos los contenidos. El diálogo mantenido entre Yapci Ramos y Nora Navarro completa el recorrido, ofreciendo la perspectiva concreta de una artista que conecta el contexto canario con las realidades de otras latitudes (la imagen de portada, perteneciente a la artista Yapci Ramos, nos invita a salir del marco). Aprovecho para agradecerles la profundidad de sus reflexiones, así como su capacidad para abordar cuestiones tan complejas y divergentes. Es evidente que, tal como ha sugerido Hito Steyterl, «el campo del arte es un espacio de violenta contradicción y tremenda explotación»; sin embargo, no podemos ignorar su dimensión política y sensible a la hora de abordar cuestiones que, sin duda, también compartimos cuando hablamos de «comunidad, movimiento, energía y deseo»3Hito Steyerl: Los condenados de la pantalla. La Caja Negra, Buenos Aires, 2014. p. 105..
Marta Mantecón – Coordinadora Editorial

Historiadora del arte por la Universidad Complutense de Madrid, desarrolla su actividad profesional desde 1999 como trabajadora de arte, realizando labores de comisariado de exposiciones, coordinación de proyectos culturales, docencia y escritura de arte contemporáneo y cultura visual. Completa esta actividad con la investigación y divulgación de temas relacionados con la crítica feminista, procesos de construcción identitaria y pensamiento fronterizo. Ha conducido y comisariado las tres últimas ediciones del Festival de Fotografía y Vídeo Foconorte (2007-2010), así como los ciclos de conferencias del Festival de Arte Público Desvelarte de Santander (2009-2020) y los encuentros profesionales del Festival Internacional de Arte de Performance Territori de Ibiza (2021-2023). Desde 2016 hasta la actualidad es directora de la Sala Robayera de Miengo en Cantabria. Asimismo es miembro del cuerpo docente de los Grados de Diseño en el Centro Universitario CESINE desde 2015 e imparte los seminarios de Historia del Arte Contemporáneo en UNATE desde 2008. Colabora con distintas asociaciones e instituciones, pertenece a la Comisión Asesora de Actividades Culturales del Puerto de Santander y forma parte del equipo de redacción de la revista M-Arte y Cultura Visual.
