Adventicias, proceso y resistencia
La manipulación y el montaje manual de elementos recolectados en el día a día son los procesos que otorgan sentido a mi trabajo.
Mido 1,68 m de altura, 75 cm de brazo y 18 cm de mano con la palma extendida. No destaco por mi fuerza física, pero tengo buena resistencia. Todo esto es lo que me define como artista.
También es importante para mí incluir a personas con perfiles diferentes y poco habituales en mis reflexiones y en la creación de mis proyectos, ya que ello me permite afinar esta práctica y consolidarla en una realidad tangible.
Al dejarme llevar por los gestos y las palabras que sobrevienen de manera espontánea durante el proceso de creación, descubro un lugar imaginario. Un punto del universo en el que las dualidades se reconcilian y los contrarios dejan de ser opuestos para conectar. Una unidad compuesta de elementos tan dispares que se vuelven inseparables. Un entorno de resistencia a lo cotidiano derivado de la creación artística que se puede compartir con otros en instantes y eventos concretos, como exposiciones, festivales o bienales.
Para mí es importante detenerme en este momento de intercambio. Las exposiciones representan una pausa en medio del proceso de búsqueda que me orienta para dar forma al encuentro entre los frutos de mi trabajo y los espectadores. Todo este proceso no tiene finalidad alguna, ya que el resultado no es más importante que aquello que lo precede. Tampoco es algo estático, sino efímero, y debe tener la capacidad de ser deconstruido para volver a reconstruirlo si fuera necesario.
Al igual que ocurre con el constante movimiento de la naturaleza, este resultado o «momento de pausa dentro de la búsqueda» representa una etapa más de la vida. Por tanto, llegamos a otra forma de resistencia que podría considerarse inherente a la práctica artística. Si consideramos la obra expuesta como un objeto transitorio y fugaz, luchamos contra un sistema capitalista que, hoy en día, carece de sentido. En este entorno, conferimos a los objetos la libertad de ser inasequibles y perdemos el control sobre el devenir de «la obra».
Como resultado, necesitamos considerar nuevas formas de archivo. De hecho, dar vida a esta reflexión sería mucho más interesante si se reunieran e integraran otras disciplinas no necesariamente vinculadas al mundo del arte. Una vez en este punto, podríamos preguntarnos cuáles son los medios a los que podemos recurrir para capturar un arte vivo en el sentido más puro de la palabra; un arte en movimiento que evoluciona continuamente al ritmo en el que lo hace todo aquello que lo rodea…
El artista como planta adventicia.
En términos agrícolas, las plantas adventicias son aquellas que brotan de manera natural en un entorno sin haber sido plantadas intencionadamente, y se conocen también como vegetación «espontánea».
Para Descartes, las ideas adventicias son las que llegan al espíritu a partir de la influencia de los sentidos.
Y esta es posiblemente la parte más importante de nuestro trabajo: liberarnos de todo lo que se considera establecido y de las creencias sobre aquello que deberíamos hacer; buscar mecanismos o «rituales de creación» que nos conduzcan hacia ideas sencillas, instintivas, singulares y propias, y trabajar para ser imprevisibles y espontáneos, como las plantas adventicias o el efecto mariposa.
Pierre Zaoui habla de «la discreción como acto de resistencia». El artista resiste frente al mundo desde la discreción y la particularidad de su creación para ir brotando y creciendo poco a poco y con sutileza, como las malas hierbas. Asimismo, trabaja para reafirmar su diferencia desde la humildad, sin necesidad de discursos ni explicaciones, recordando la complejidad del mundo con su mera presencia, su uso de las metáforas y la imposibilidad de poseer las verdades inmutables y universales.

¿Cuál es el milagro que permite el nacimiento del primer brote?

Al contemplar estos ladrillos de arcilla, me pregunto quién podrá contar su historia cuando yo no esté. Algunos son de Túnez, otros de Sarja y otros de Paquistán, y todos ellos portan las huellas de quienes estuvieron allí.
Finalmente, estos objetos han asumido el papel de intermediarios, adoquines que sirvieron de pretexto para encontrarse con el otro, recorrer el mundo, cambiar el orden establecido y preparar un suelo fértil.

compuesta principalmente de baldosas de arcilla cocidas al fuego, 2024.
En esta fotografía estamos en Belkhir, al sur de Túnez. Pasamos horas amasando arcilla, compartiendo nuestras diferencias y dándonos cuenta de aquello que quizá sí tenemos en común. Tras haber visto nacer estos elementos visibles e invisibles, aún sigo buscando este lugar que parece imaginario.

¿Se desvaneció todo en un instante? Se cocinó todo en el fuego.


Ya es por la mañana. ¿Qué queda en las cenizas?

Las cenizas son el abono. El fin representa también un comienzo.

Finalmente, las experiencias inesperadas han dejado su huella en el ADN de los cuerpos y en la tierra.

La discreción es inherente a la naturaleza de las huellas.

Si observamos detenidamente estas huellas, veremos que se trata de montones de pepitas invisibles de las que nacerá una semilla.

Busquémosla juntos

Allí donde cada uno de nosotros lo considera posible.

Es hora de ensuciarnos las manos.

¿Podemos vislumbrar ya un nuevo camino?


Algo ha germinado de forma maravillosa.

Créeme. Las plantas adventicias son capaces de crecer incluso sobre un montón de estiércol.
Férielle Doulain – Biografía
Férielle Doulain-Zouari es una artista franco-tunecina nacida en París en 1992 que vive y trabaja en Túnez. Mediante el uso de técnicas manuales contemporáneas, cuestiona las formas en las que se puede representar materialmente el reencuentro, la reconciliación y la transformación. Sus obras se presentan como instalaciones in situ y se inspiran en el medio ambiente, los elementos de la vida cotidiana y la historia o las cuestiones asociadas a ellos.
El proceso de creación representa una parte fundamental de sus proyectos. La concepción de una obra debe ser coherente con el contexto. La mayor parte del tiempo, la artista opta por trabajar con artesanos locales y materiales del país, lo que le permite anclar su obra en una realidad concreta.
Durante todo este recorrido, las referencias al trabajo manual conforman una parte esencial del proceso de creación, junto con el deseo de generar conversaciones y cuestionamientos a partir de un lenguaje plástico.
