Estudios para notaciones musicales y partituras emocionales

Monika Bravo

Nacida en Bogotá, Colombia, Monika Bravo vive y trabaja en Nueva York. Ella examina la percepción para preguntarse por la construcción mental que es el mundo que vivimos. Utiliza su práctica artística como herramienta para descifrar su relación con el espacio emocional. A partir de imágenes, sonido, materiales industriales y tecnología, crea situaciones – objetos y ambientes – que aluden a paisajes reconocibles y examinan la noción de espacio-tiempo como una medida de la realidad. Entre sus exposiciones recientes se cuentan Waterweavers en el Art Museum of the Americas, Washington DC 2015, Centro Conde Duque, Madrid 2015 y Bard Graduate Center, Nueva York 2014; Theorem. You Simply Destroy the Image I Always Had of en MANA Contemporary, Jersey City (2015); and Affective Architectures en Aluna Art Foundation, Miami (2014). Su instalación The Sound of the Word Is Beyond Sense se presentó en la 56 Bienal de Venecia, en representación de la Ciudad del Vaticano.

Cuando los compositores crean música emplean un lenguaje musical gráfico, produciendo una partitura musical para que sus composiciones puedan ser interpretadas una y otra vez. La partitura le dice al intérprete –esto es, al músico o músicos—cómo localizar los sonidos en el tiempo de manera que se puedan escuchar en el espacio. La música es, con diferencia, la más emocional de las artes, porque se puede sentir simplemente y no requiere análisis de la mente consciente. Yo quiero crear mi propia partitura musical, una representación visual de lo que se siente cuando escucho piezas musicales específicas. Tengo una profunda conexión con el sonido, pero, a pesar de que recibí una formación musical durante mi niñez, no puedo tocar un instrumento.

Estos estudios se iniciaron con dibujos que realicé con papel cuadriculado y lápiz, que, después de escanearlos y vectorializarlos digitalmente, se re-dibujaron línea por línea, luego se imprimieron y volvieron a dibujarse sobre estas impresiones con grafito, antes de añadir capas de piezas de acrílico, cristal, madera y pintura. Utilizando la partitura original como punto de partida, el proyecto genera variaciones siempre cambiantes en la manera y en la forma.

En Mana Contemporary, en Jersey City, creé una instalación expresamente para el espacio de 44 pies de largo, basada en tres dibujos que se repiten en la forma y escala a lo largo de la pared. Utilicé pintura, grafito, cristal, acrílico, cinta adhesiva, reglas, láser y un proyector para dar vida a los dibujos. Como parte de la instalación, en un monitor de 70 pulgadas se presentó una animación corta que nos recuerda a Rhythm 21, el film de Hans Richter de 1921.

Atlántica

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